Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

adaptaciones_almadeangel_crepusculo

historias adaptadas de crepusculo

capitulo 1

Etiquetado con: alice, jasper

hola chikas, este es el pimer cap de esta maravillosa historia llamada el hermano del novio (personalmente me encantó y espero que a uds tambien)

se supone que tenia que subirla el lunes o martes, pero no la subi por:

el lunes vi eclipse, estaba buenisima (pueden verla en la sgte pag: peliculasid.com) y el martes me falto tiempo, y los demás dias, fue por que hubo problemas con la internet y bue, contra eso no se puede hacer nada.

bue, basta de bla bla y vamos al cap.

    lo hice lo mejor  que pude, ojala les guste

       xau xau, nos leemos prontoç

                            alma 

 



La habitación habia quedado sumida en un terrible silencio. Nadie se movía. Nadie habló. El horror que era la pesadilla de toda joven envenenaba el aire.
Alice se había dejado caer sobre la silla mas próxima, su rostro blanco como la cera. Entre las rodillas, medio ocultas entre los pliegues de delicada seda y encaje estaban sus manos, frías como el hielo y apretando el papel que Jasper acababa de entregarle.
Querida Alice, decía. Querida Alice...
¿Cómo ha podido hacerlo?
Las palabras de su tío rompieron el silencio con un sonido ahogado,rasposo y desolado.
Nadie le contestó. Alice no podía y Jasper no estaba preparado para hacerlo. Se había quedado de pie junto a ventana, ajena a todo ahora que su papel en aquella macabra jugada había concluído, mientras cerca de allí una iglesia abarrotada de invitados vestidos con sus mejores galas, aguardaba a unos novios que no llegarían.
Ya habrían empezado a sospechar que algo iba mal; el hecho de que Alec y Jasper no estuvieran en el altar ocupando su lugar era ya bastante mal augurio. Su tía estaría mordiéndose las uñas muerta de preocupación mientras Bella, su única dama de honor, preciosa con su vestido rosa, estaría esperando a la puerta de la iglesia a una novia con la que ningún hombre quería ya intercambiar promesas.
Dios... Ha escogido el último momento, ¿verdad? bramó su tío.
Sí contestó Jasper, aunque aquella única sílaba sonó ahogada.
Alice no hizo ningún movimiento. Sus ojos, de un azul muy oscuro, parecían negros y sin fondo en un rostro tan completamente desprovisto de color. No veía casi nada con ellos. Estaba mirando hacia sí misma, hacia aquel lugar frío y oscuro de su mente en el que se alojaban el horror, el sufrimiento y la humillación, aguardando a que pasase el aturdimiento inicial para apoderarse de ella.
¿Estaría Jasper tan aturdido como ella? Probablemente. Parecía más pálido de lo normal. Y se había vestido con un traje gris para asistir a la que iba a haber sido una boda de mañana. No podía haber albergado sospecha alguna de que Alec fuese a hacer algo así.
Alec...
Alice clavó la mirada en sus propias manos, en los dedos que apretabas convulsivamente la hoja de papel.
Siento tanto que hacer esto...
Los labios le temblaron, pero no el resto de su cuerpo, que se mantenía en una especie de helada inmovilidad que apenas le permitía respirar. Tenía la boca seca, tan seca que parecía tener la lengua pegada al paladar, y el corazón le latía de una forma extraña; unas pulsaciones intensas, gruesas, tanto que estaba empezando a sentirse mareada y con ganas de vomitar...
-Dios... su tío se movió de repente . Tengo que ir a decirle a toda esa pobre gente que espera en la iglesia que...
No es necesario .lo interrumpió Jasper . Ya me he ocupado yo. He pensado que sería... lo mejor - concluyó, a pesar de que la palabra le pareciese inadecuada, dada la situación.
En aquel preciso instante, el ruido de un coche que se detenía frente a la casa les indicó que la primera llega ada horrorizada de la iglesia acababa de producir¬se.
“Demasiado pronto”, se dijo Alice. “Todavía no estoy preparada preparada. No puedo mirarles a la cara y...
¡Alice!
Era la voz de Jasper. Aspera por la preocupación, y un segundo después sintió que alguien la sujetaba antes de que cayese al suelo hacia delante.
No quiero ver a nadie musitó; no estaba inconsciente, pero le faltaba muy poco.
Claro que no.
Jasper estaba de rodillas delante de ella, sujetándola contra su pecho, y el fino velo de tul cubría su cabello, negro como el carbón, que había caído cu¬briéndole la cara. Jasper temblaba, percibió vagamente.
-Es Renné su tío Charlie miraba desde la ventana -tu tía, Alice murmuró con suavidad .Querrá...
En aquel momento la puerta se abrió de par en par y Alice empezó a temblar violentamente. Jasper maldijo entre dientes y se movió para poder acurrucarla me¬jor entre sus brazos y protegerla del aire del salón.
¡Alice! gritó su tía, casi histérica . ¡Mi niña!
No gimió ella contra el hombro de Jasper . No...
No iba a poder soportarlo. No iba a ser capaz de resistir el dolor de su tía, ni el de su tío... ni siquiera el suyo propio!
Jasper debió presentirlo porque se puso en pie, llevándola a ella pegada a él, y la tomó en brazos, de modo que su rostro, frío como el hielo, quedó pegado a su cuello caliente y tenso.
Se ha desmayado –mintió-. Su habitación, señora Swan.. dígame dónde esta su habitación.
Alice...
Su tía Renné, su serena y dulce tía Renné, que raramente permitía que las tranquilas aguas que rodeaban su vida se alterasen, se vino abajo por completo, dejandose caer en una de las sillas para echarse a llorar desconsoladamente. Su tío Charlie se acercó a ella mientras Jasper, murmurando algo entre dientes, salió de la habitación sin esperar a que le indicasen a dónde debía dirigirse.
El recibidor estaba Ileno de gente. Alice sintió su horrorizada presencia aunque Jasper mantuvo su rostro oculto, a ignorandolos a todos, subió las escaleras como un escalador, empujado por la adrenalina.
Oía que algunos de los presentes contenían la respiración, y también la voz de Bella, que preguntaba algo con brusquedad. Jasper le contestó, pero Alice no entendió sus palabras.
¿Qué habitación?
Su voz sonó ruda, lo bastante como para conseguir penetrar la maraña que la rodeaba, pero aunque intentó concentrarse en la pregunta, no consiguió encontrar la respuesta. No sabía dónde estaban. Con otra maldición entre dientes, Jasper abrió una puerta con el pie; y luego otra, y otra, hasta que encontró una habitación que sólo podía ser la de la novia por toda la parafernalia nupcial que estaba esparcida por todas partes. Una vez dentro, la sentó a los pies de la cama y cerró de un golpe la puerta.
El silencio los engulló entonces, el mismo silencio denso y duro que los había engullido en el salón después de que Jasper le entregase la nota.
El se quedó inmóvil, contemplando su cabeza baja, y de pronto se acercó a ella y tiró del velo de tul que aún lle vaba puesto. Sin fijarse en la cantidad de horquillas que lo sujetaban a su pelo, lo rasgó y lo tiró al suelo.
Lo siento murmuró , pero no puedo...
Y se alejó de ella con los puños metidos en los bolsillos.
La cabeza comenzó a dolerle por los arañazos de las horquillas, pero no le importó. Casi agradeció sentir ese dolor porque así supo que aún estaba viva. Y hasta comprendía por qué debía haberlo hecho. Tenía que resultar patética, sentada allí con su vestido de novia mientras su novio huía en dirección contraria.
De pronto la realidad le golpeó en la cara, y un asco que brotaba sin saber de dónde la empujó a poverse en pie; la carta, que aún seguía llevando en el puño cerrado, cayó al suelo olvidada mientras ella intentaba, ciega de rabia, tirar de las diminutas perlas que cerraban el cuerpo del vestido por delante.
¡Ayúdame! le rogó desesperada, con las manos y el cuerpo entero temblandole, la expresión que hasta entonces había sido de aturdimiento transformada en un odio torturado.
La seda se rasgó al tirar, pero no le importó... de pronto, su mayor preocupación era salir de aquel ves¬tido, deshacerse de todo to que pudiera conectarla, aunque fuera remotamente, con Alec o con el día de la boda.
¡Ayúdame, por amor de Dios!
¡No puedo, Alice!
Jasper parecía sorprendido, y esa sorpresa le hizo mirarle.
¿Por qué no? le preguntó sugiriendo una condena . Has hecho todo lo que podías hacer para destrozarme este día. ¿Por qué no puedes ayudarme a destrozar este vestido?
Su repentino ataque lo obligó a retroceder, y un músculo tembló en su mandíbula apretada. Sus ojos, celestes, se oscurecieron al querer decir algo, y Alice lo desafió irguiérdose, retándolo a que negase lo que acababa de decir. Pero Jasper no podía hacerlo, y apretó los dientes.
Dejándose llevar por una nueva ola de violencia interior, Alice tiró del cuerpo del vestido y la rica seda se rasgó de parte a parte, lanzando los diminutos botones en forma de pera a todas partes; la cama, el suelo, la alfombra...
Jasper se quedó mirando uno de aquellos botones que fue a aterrizar a sus pies mientras Alice se desprendía del vestido hasta quedar, de pie y temblando, con el body de encaje y las medias de seda.
Esto es peor que una violación murmuró entre dientes, abrazándose.
Dios, Alice, no... –contestó el, y dio un paso hacia ella con un brazo extendido que luego dejó caer, consciente de que no podía decir nada porque nada podía borrar el dolor y la degradación que estaba sintiendo, y se giró en dirección a la puerta.
Voy a... a decirle a alguien que...
¡No! gritó ella, y Jasper se detuvo a un paso de la puerta . No repitió en voz más baja . Puedes irte si quieres, pero no quiero que nadie se acerque a esta habitación.
Una cosa era permitir que Jasper presenciase su derrumbamiento, ya que el había sido el portador de la noticia y otra may distinta permitir que los demás también lo presenciasen. No quería ver a nadie. A nadie. Ni a Bella, su mejor amiga, ni siquiera a su tía.
No le importaba estar en ropa interior delante de él . Es más, Jasper se había opuesto a ella desde el momento en que Alec se la habia presentado como su...
-No.
Pensar en Alec azuzaba la sensación de náusea y tuvo que respirar profundamente varias veces para recuperar la serenidad. Se apretaba con tanta fuerza los brazos que podría haberselos hecho sangrar con las uñas. Entonces sintió algo frío rozar su piel y se miró la mano izquierda. Un diamante titiló a la luz, y de un tirón se lo sacó del dedo y volvió a mirar a Jasper.
-Ten le dijo, tirándole el anillo a los pies . Puedes devolvérselo cuando vuelvas a verlo. No lo quiero volver a ver más.
Con la imagen de Jasper agachándose para recogelo, entró rápidamente en el cuarto de baño de la habitación, cerró la puerta y se apoyó contra ella. Tenía una sensación pesada en su interior, como si todos los órganos hubieran colapsado hechos un montón en la boca del estómago.
Necesitaba una ducha. La piel le temblaba de re¬pulsión y necesitaba desesperadamente hacerla desa¬parecer.
Fue a quitarse el body de seda blanca cuando vio liga de satén y encaje azul pálido que llevaba en el muslo, justo por encima de una de las medias y una sonrisa triste se dibujó en sus labios al pensar en lo ridícula que debía haberla encontrado Jasper.
Las lágrimas le cegaron la visión, lágrimas que serían las primeras de muchas otras que vendrían después, y se las secó con rabia antes de entrar en la ducha. Con manos temblorosas giró los grifos y el agua empezó a caer. Alice se quedó inmóvil, los ojos cerrados, la cabeza hacia atrás, sin preocuparse de si se escaldaba, siempre y cuando consiguiera borrar hasta el último vestigio de la novia.

prólogo

Etiquetado con: bella, edward

holasssssssssssssss

este la editación de el resumen de este fic, como ya dije no lo comenzare aun, sino despues de mis vacaciones, sip, mañana salgo de vacaciones y como he dixo ya muxhas vexes, no tengo internet en vacaciones (a menos k valla a la oficina de mi papá, pero si fuera solo me daria unos min (con suerte alcanzo a revisar mi mail con el time k me da) así k prefiero esperar a volver de vacaciones) además ahora no estoy de animo para escribir muxo, xk estoy enferma del estomago (me duele muxo, u a veces tengo la sensación de k si como algo lo vomitare enseguida), así k antes de retomar mi "trabajo" me tomare un descanso para recuperarme, espero no les moleste.

estoy editando el prologo (o resumen) xq como recordaran antes estaban J/A como protagonistas, pero ahora los protagonistas seran E/B como uds me lo han pedido, como ven su servidora toma en cuenta sus pedidos : )  ; )  ; 6  espero k este fic sea de su agrado.

k pasen un happy new year (feliz año nuevo para las k no entienda, auk creo k todas lo entenderan) y k se cumplan todos sus deseo para el prox año.

xau xau. nos leemos de vuelta de vacaciones

las kiere ale

pd: Zoe espero k tu brazo sane pronto, cuidat muxo para k eso pase. 

            xau xau         Happy new year        Ale      ; )



 

 

Alec Hale la había dejado plantada ante el altar,

 

pero Jasper Hale, su hermano, estaba esperando para ocupar su lugar.

 

Jasper era el hermano mayor y cabeza del imperio familiar, y precisamente había sido él quien había convencido a Alec de que la abandonase. Y con esa misma determinación, insistía en que se casase con él.

 

Aturdida como estaba, Alice aceptó su proposición más sorprendente aún porque hasta el momento, Jasper había actuado como si la despreciase.

 

¡Y de pronto quería decirle al mundo que era su esposa... y no sólo sobre el papel, sino de hecho y de derecho!

 

 

 

espero k les guste, iba a hacerlo E/B, pero queda mejor así, más adelante sabran por que.
xau xau
alma (cuidense muxo)

epílogo

Etiquetado con: bella, edward

cortito, pero este es el epílogo y el final de la novia.......

grax a todas las ke me acompañaron a lo largo del fic, agradesco su lealtad, puesto k hubiera sido muy facil dejar de leerlo, cuando lo deje de publicar en FF, pero así algunas de uds me siguieron hasta aki i se kedaron hasta el final, muchas gracias por eso.

a las k aun estan preocupadas x mi problema familiar, no se preocupen más ya k algo bueno salio de esto:

la familia completa se volvio a reunir (incluso mi madrina (una hna de mi mamá;) q vice en santiago y rara vez la vemos vino aca a tratar de ayudar) y la ultima vez q estuvimos todos juntos fue hace muxo tiempo ya k eso es ksi imposible devido a k otro de mis tios trabaja en el norte del país a casi 3000km de distancia y aunk viene a vernos, no es tan seguido y cuando viene nunk esta mi madrina, por lo k rara vez nos reunimos todos ya k siempre falta 1 o 2 de los hnos de mi mamá.

y con respecto a mi abuelo (el papá de mi mamá;) a el no lo conosco xq el y mi abu se separaron cuando mi mamá tenia (no estoy muy segura, pero creo q) 13 o 14 años.

bue, pero eso no va en el tema, lo importante es q nos reunimos todos y lo pasamos muy bn (celebramos la navidad todos juntos, en mi ksa así k imaginense la fiesta jejeje) 

asó k no se compliquen la vida preocupandose por mi (aunk se los agradesco de todo corazón) la solución para esto tomara tiempo pero llegara, asó k enserio no se preocupen.

ya no sigo más o el resumen me va salir más largo k el epílogo, jejeje.

bue, basta de tanto blabla y por ultima vez vamos al fic: 



7 y 1/2 meses despues..........

Rennesme Cullen nació una calurosa mañana de verano.
Su madre estaba agotada, pero no quería dormirse. Estaba demasiado ocupada observando a Edward que estaba sentado a su lado, con Melanie sobre una pierna y la pequeña en su regazo.
Los estaba presentando con voz paciente, para que ambos pudieran entender sus palabras. De hecho, Melanie lo hizo porque inmediatamente después acarició con su mano la mejilla de la bebé. Este se parecía mucho a ella cuando nació.
A Bella se le puso un nudo en la garganta al ver ese acto tan entrañable en un ser tan pequeño. Edward también se enterneció y enseguida besó la mano de la niña.
Al levantar la mirada, captó la de Bella que le sonrió dulcemente. Pero él no lo hizo. Estaba demasiado emocionado como para poder sonreír.
—Estoy colmado de felicidad —afirmó él.
Con eso bastaba para expresar sus sentimientos en aquellos momentos. Como Bella necesitaba contacto físico con el propietario de aquellos sentimientos, hizo reposar una mano sobre el hombro de Edward. Este la acarició con su mejilla, mientras su atención volvía a dirigirse hacia sus hijos.
Y esa fue la última imagen que vio Bella antes de dormirse: su amor, toda su alegría en aquel preciso instante.
Su vida también estaba colmada de felicidad.
FIN

espero k les haya gustado, muxas grax a las k me siguieron hasta el final y espero k esperen con impaciencia mi prox adaptación (el hno del novio) k sera E/B
bue, me despido x ultima vez (en este fic, no crean k se desaran tan facimente de mi)
xau xau
ale

capitulo 21

Etiquetado con: bella, edward

bueno chikas, este es el ultimo capitulo del fic, junto con el epilogo, k lo subire despues, se acabara la novia del millonario, espero k el fic les haya gustado y grax por comentar 100pre, sus coments eran lo k me animaba a seguir subiendo cap (ven ya me hicieron ponerme cursi jejeje).

en este cap se sabra xq Edward actuo así las 3 primeras veces q hizo el amor con Bella (la retirada brusca y esas cosas).

espero k les guste 

bue, como digo 100pre vasta de blabla y vamos al fic: 



La tensión se mascaba en el ambiente. Impulsivamente, Bella se levantó.
— ¡No! —exclamó Edward finalmente agarrandole, inconscientemente, la mano
—De acuerdo, Edward, te lo diré de otra forma — argüyó Bella—. ¿Tú crees que por el hecho de que no te pueda dar un hijo nuestro amor no tiene importancia?
—Eso es una pregunta estúpida —respondió él.
—No lo es, sobre todo cuando no hemos visto el resultado del test de embarazo. Además, si crees que lo primero que le voy a hacer a mi príncipe azul es realizarle una prueba de fertilidad...
—No digas tonterías —repuso Edward—. Deberías aceptar simplemente, que no quiero que estés conmigo.
—Entonces, ¿por qué me estás apretando tanto la mano en estos momentos?
De inmediato, Edward le soltó la mano.
— ¡Ya es suficiente! —exclamó él poniéndose de pie.
—Tienes razón: me iré a la cama a soñar con un príncipe azul lleno de espermatozoides fértiles —afirmó Bella—. A lo mejor me despierto y me voy. Sería todo un placer después de mi sueño...
Y sin más, ella se levantó y caminó hacia el interior de la casa, dejando a Edward sentado en la penumbra, mudo en su terquedad.
Bella subió a su habitación, se desnudó y se metió en la cama esperando una posible reacción por parte de Edward.
Un par de minutos después, el susodicho entró en su dormitorio y a continuación, se abrió la puerta que daba al de Bella.
—Aquí está lo que pretendías —afirmó el hombre—. Querías que me enfadara y estoy enfadado. Querías que estuviera celoso y lo estoy, maldita sea.
—¿De mis sueños?
—De todo lo que tiene que ver contigo —dijo él besándola con pasión.
Entonces comenzó una batalla por ver quien excitaba más al otro, conociéndose cada uno como se conocían. Él la besó, la lamió y la acarició haciendo emerger toda su sensualidad. Y ella le contestó haciéndole perder el control de tanto como lo besó y acarició con la suave urgencia que le inspiraba el deseo.
—¿Mi príncipe azul me hará sentirme tan bien como ahora? —preguntó Bella en un susurro.
La inocencia de sus palabras aumentó la excitación en Edward con un poder tremendo, incluso excesivo.
El hombre respondió penetrándola con una entrega que rayaba en la locura.
Cuando iban juntos camino del climax, Bella creyó oír un gemido angustiado y se dio cuenta, con un ligero sentimiento de culpa, de que era Edward quien lo había emitido.
—Entonces, ¿no me marcho mañana? —preguntó ella, mientras yacía en el regazo del hombre, fuertemente abrazada por sus atléticos brazos, como para impedir su huida.
—Te quedas hasta que quieras irte de aquí —respondió Edward—. Me niego a aceptar algo más de ti.
«¡Qué magnánimo!», pensó Bella y se soltó de sus brazos para dirigirse al cuarto de baño. Cuando volvió llevaba algo escondido en la mano. Él no se dio cuenta, absorto como estaba contemplando su figura a medida que se acercaba a la cama.
—Tengo algo que decirte —le confesó Bella—. Pero tienes que prometerme que no te vas a enfadar.
—Es una petición extraña —afirmó Edward, cruzando los brazos bajo su nuca—. ¡Ya me estoy enfadando con solo pensarlo!
—Le he pedido a Carlisle que me llevara a ver a un médico en la ciudad.
Edward estiró los brazos de inmediato y con ellos estrechó la cintura de Bella.
—¿Por qué? ¿Te ocurre algo?
—Me ha examinado, y ha confirmado mis temores... —repuso Bella—. Edward, tú sabes que te he sido fiel, ¿verdad?
—Por supuesto que lo sé —adujo Edward impacientemente—. Dime que pasa, por favor.
—Mi útero está dilatado —afirmó Bella—. Me ha hecho varios análisis... Estoy embarazada.
— ¡Pensé que habíamos quedado en que no lo harías! —exclamó él poniéndose a caminar por la habitación.
—De seis... semanas exactamente —continuó Bella entrecortadamente—Edward, necesito que tú...
—¿Cuántas veces tengo que pasar por este infierno? —preguntó él—. Es imposible que estés embarazada. Soy estéril.
Bella se sentó sobre la cama abrazándose las piernas bajo la barbilla.
—El doctor me dijo lo mismo —murmuró ella.
Edward continuó maldiciendo en griego.
—Además, dijo que aún se sabe muy poco acerca de la esterilidad masculina. Solo me contó que acaban de descubrir que el número de espermatozoides en un hombre puede variar a lo largo de un mes.
—No quiero oír hablar de eso... —insistió Edward, tambaleándose como si estuviera bebido.
—Dijo que solo te hicieron un análisis, y que debía de haber sido un día de mala suerte.
—¿Un día de mala suerte? —repitió Edward, mirándola con una expresión tan hostil que la hizo encogerse—. Viví cinco años de mala suerte continua durante mi matrimonio, Bella. Trata de imaginártelo.
—Según parece, el médico también era el doctor de la familia de Angela.
—No, nuestro médico de cabecera es otro.
—Pero este era el médico de la familia de Angela cuando ella estaba soltera —añadió Bella—. Quiere hablar contigo en privado. Dice que tiene que contarte algo confidencial acerca de ella...
En Edward se operó una reacción particular que le hizo dirigirse a su dormitorio sin decir una palabra.
Bella languideció como un cisne moribundo. Su corazón comenzó a latir desordenadamente y tuvo dificultades para respirar. Su mente se bloqueó repentinamente. No podía dejar de pensar en la expresión del rostro de Edward.
De pronto, Bella notó una presencia a su lado en la cama.
—Llámalo —le ordenó Edward.
—¿Qué llame a quién?
—Al doctor —respondió él, tendiéndole un teléfono móvil.
— ¡Pero, si es medianoche! —exclamó Bella.
—Pues, despiértalo...
Y tomando el teléfono, él preguntó:
—¿Cuál es su maldito número?
—No sé... —contestó Bella—. Lo único que hice fue pedirle a Carlisle que me llevara a verlo...
—Pues su nombre, entonces. Seguro que sabes como se llama.
—La tarjeta de la consulta —recordó súbitamente, Bella—. Está en el tocador.
Cuando finalmente la encontró, Edward marcó el teléfono nerviosamente.
Bella no podía soportar la tensión. Se levantó de la cama y se metió en el cuarto de baño, sentándose en el retrete. Oyó la conversación en griego y luego volvió el silencio. Ella siguió sentada en el mismo lugar hasta que tuvo frío y se levantó para ponerse el albornoz. Dio un par de suspiros, y se dirigió al dormitorio.
Edward estaba sentado en un borde de la cama, con el rostro cubierto por las manos. Bella no había visto nunca a un ser más desvalido.
Sin pensarlo dos veces, se acercó a él y lo rodeó con sus brazos tiernamente.
—Ella me mintió —murmuró el con voz ronca.
—Lo sé —asintió dulcemente Bella.
—Sabía antes de casarnos que era estéril, y sin embargo, me hizo pasar todo ese tormento... Mes tras mes. Hizo que me sintiera inútil e impotente.
—Ella debió de correr un gran riesgo permitiéndote hacer el análisis.
—No creas, el tormento habría continuado de cualquier manera. Si el resultado hubiera sido fértil, tendría que haber hecho los mismos esfuerzos para quedarse encinta. Y si el resultado era estéril, habría tenido que seguir rogando a Dios por un día de suerte, como siempre hacía.
Edward se estremeció.
—Al final no me atrevía ni a tocarla —prosiguió —. Me sentía culpable y fracasado. Creo que mi retirada brusca después de hacer el amor la última vez fue lo que la incitó a quitarse la vida.
Y que le había dejado una sensación de fracaso con la que tendría que aprender a vivir, pensó Bella tristemente.
—Lo siento mucho —murmuró ella. Él se encogió de hombros.
—¿Por qué tendrías que sentirlo? —preguntó Edward—. Más bien sería yo el que tendría que pedirte disculpas a ti.
—Puedo comprenderlo —repuso Bella.
—Estás embarazada... —murmuró Edward de pronto.
—Sí —asintió Bella—. ¿Estás contento?
—Pues, un poco sorprendido.
—Tengo algo para ti —dijo Bella tomando la varita del test de embarazo, y dándosela—. Es nuestro hijo. ¿Qué quieres que sea niño o niña?
Entonces, Bella pudo comprobar como le embargaba la felicidad a Edward. Resultaba difícil de creer que un simple objeto le hubiera puesto tan furioso minutos antes, y le hiciera tan feliz en aquellos momentos.
Edward tomó a Bella en brazos y la subió a la cama, abrazándola tiernamente.
—Desde el primer momento que vi tus bellos ojos castaños, mientras estabas tirada en aquella calzada londinense, supe que ibas a ser muy importante para mí — afirmó él—. Pero nunca me pude imaginar que ibas serlo de este modo.
—A ver lo que sientes —le incitó ella a poner su mano sobre el vientre, todavía plano.
Y enseguida se miraron ambos a los ojos alcanzando la plenitud.
—Te voy a querer hasta el final de mis días —le confesó Edward—. Y jamás te dejaré marchar.
—Por si no lo has notado, he sido yo la que ha insistido en quedarse... —bromeó Bella.
—Testaruda —la acusó él cariñosamente.
—No, enamorada.
Entonces, Edward la besó con ternura, jurándole amor eterno.
fin.....

capitulo 21

Etiquetado con: bella, edward

bueno chikas, este es el ultimo capitulo del fic, junto con el epilogo, k lo subire despues, se acabara la novia del millonario, espero k el fic les haya gustado y grax por comentar 100pre, sus coments eran lo k me animaba a seguir subiendo cap (ven ya me hicieron ponerme cursi jejeje).

en este cap se sabra xq Edward actuo así las 3 primeras veces q hizo el amor con Bella (la retirada brusca y esas cosas).

espero k les guste 

bue, como digo 100pre vasta de blabla y vamos al fic: 



La tensión se mascaba en el ambiente. Impulsivamente, Bella se levantó.
— ¡No! —exclamó Edward finalmente agarrandole, inconscientemente, la mano
—De acuerdo, Edward, te lo diré de otra forma — argüyó Bella—. ¿Tú crees que por el hecho de que no te pueda dar un hijo nuestro amor no tiene importancia?
—Eso es una pregunta estúpida —respondió él.
—No lo es, sobre todo cuando no hemos visto el resultado del test de embarazo. Además, si crees que lo primero que le voy a hacer a mi príncipe azul es realizarle una prueba de fertilidad...
—No digas tonterías —repuso Edward—. Deberías aceptar simplemente, que no quiero que estés conmigo.
—Entonces, ¿por qué me estás apretando tanto la mano en estos momentos?
De inmediato, Edward le soltó la mano.
— ¡Ya es suficiente! —exclamó él poniéndose de pie.
—Tienes razón: me iré a la cama a soñar con un príncipe azul lleno de espermatozoides fértiles —afirmó Bella—. A lo mejor me despierto y me voy. Sería todo un placer después de mi sueño...
Y sin más, ella se levantó y caminó hacia el interior de la casa, dejando a Edward sentado en la penumbra, mudo en su terquedad.
Bella subió a su habitación, se desnudó y se metió en la cama esperando una posible reacción por parte de Edward.
Un par de minutos después, el susodicho entró en su dormitorio y a continuación, se abrió la puerta que daba al de Bella.
—Aquí está lo que pretendías —afirmó el hombre—. Querías que me enfadara y estoy enfadado. Querías que estuviera celoso y lo estoy, maldita sea.
—¿De mis sueños?
—De todo lo que tiene que ver contigo —dijo él besándola con pasión.
Entonces comenzó una batalla por ver quien excitaba más al otro, conociéndose cada uno como se conocían. Él la besó, la lamió y la acarició haciendo emerger toda su sensualidad. Y ella le contestó haciéndole perder el control de tanto como lo besó y acarició con la suave urgencia que le inspiraba el deseo.
—¿Mi príncipe azul me hará sentirme tan bien como ahora? —preguntó Bella en un susurro.
La inocencia de sus palabras aumentó la excitación en Edward con un poder tremendo, incluso excesivo.
El hombre respondió penetrándola con una entrega que rayaba en la locura.
Cuando iban juntos camino del climax, Bella creyó oír un gemido angustiado y se dio cuenta, con un ligero sentimiento de culpa, de que era Edward quien lo había emitido.
—Entonces, ¿no me marcho mañana? —preguntó ella, mientras yacía en el regazo del hombre, fuertemente abrazada por sus atléticos brazos, como para impedir su huida.
—Te quedas hasta que quieras irte de aquí —respondió Edward—. Me niego a aceptar algo más de ti.
«¡Qué magnánimo!», pensó Bella y se soltó de sus brazos para dirigirse al cuarto de baño. Cuando volvió llevaba algo escondido en la mano. Él no se dio cuenta, absorto como estaba contemplando su figura a medida que se acercaba a la cama.
—Tengo algo que decirte —le confesó Bella—. Pero tienes que prometerme que no te vas a enfadar.
—Es una petición extraña —afirmó Edward, cruzando los brazos bajo su nuca—. ¡Ya me estoy enfadando con solo pensarlo!
—Le he pedido a Carlisle que me llevara a ver a un médico en la ciudad.
Edward estiró los brazos de inmediato y con ellos estrechó la cintura de Bella.
—¿Por qué? ¿Te ocurre algo?
—Me ha examinado, y ha confirmado mis temores... —repuso Bella—. Edward, tú sabes que te he sido fiel, ¿verdad?
—Por supuesto que lo sé —adujo Edward impacientemente—. Dime que pasa, por favor.
—Mi útero está dilatado —afirmó Bella—. Me ha hecho varios análisis... Estoy embarazada.
— ¡Pensé que habíamos quedado en que no lo harías! —exclamó él poniéndose a caminar por la habitación.
—De seis... semanas exactamente —continuó Bella entrecortadamente—Edward, necesito que tú...
—¿Cuántas veces tengo que pasar por este infierno? —preguntó él—. Es imposible que estés embarazada. Soy estéril.
Bella se sentó sobre la cama abrazándose las piernas bajo la barbilla.
—El doctor me dijo lo mismo —murmuró ella.
Edward continuó maldiciendo en griego.
—Además, dijo que aún se sabe muy poco acerca de la esterilidad masculina. Solo me contó que acaban de descubrir que el número de espermatozoides en un hombre puede variar a lo largo de un mes.
—No quiero oír hablar de eso... —insistió Edward, tambaleándose como si estuviera bebido.
—Dijo que solo te hicieron un análisis, y que debía de haber sido un día de mala suerte.
—¿Un día de mala suerte? —repitió Edward, mirándola con una expresión tan hostil que la hizo encogerse—. Viví cinco años de mala suerte continua durante mi matrimonio, Bella. Trata de imaginártelo.
—Según parece, el médico también era el doctor de la familia de Angela.
—No, nuestro médico de cabecera es otro.
—Pero este era el médico de la familia de Angela cuando ella estaba soltera —añadió Bella—. Quiere hablar contigo en privado. Dice que tiene que contarte algo confidencial acerca de ella...
En Edward se operó una reacción particular que le hizo dirigirse a su dormitorio sin decir una palabra.
Bella languideció como un cisne moribundo. Su corazón comenzó a latir desordenadamente y tuvo dificultades para respirar. Su mente se bloqueó repentinamente. No podía dejar de pensar en la expresión del rostro de Edward.
De pronto, Bella notó una presencia a su lado en la cama.
—Llámalo —le ordenó Edward.
—¿Qué llame a quién?
—Al doctor —respondió él, tendiéndole un teléfono móvil.
— ¡Pero, si es medianoche! —exclamó Bella.
—Pues, despiértalo...
Y tomando el teléfono, él preguntó:
—¿Cuál es su maldito número?
—No sé... —contestó Bella—. Lo único que hice fue pedirle a Carlisle que me llevara a verlo...
—Pues su nombre, entonces. Seguro que sabes como se llama.
—La tarjeta de la consulta —recordó súbitamente, Bella—. Está en el tocador.
Cuando finalmente la encontró, Edward marcó el teléfono nerviosamente.
Bella no podía soportar la tensión. Se levantó de la cama y se metió en el cuarto de baño, sentándose en el retrete. Oyó la conversación en griego y luego volvió el silencio. Ella siguió sentada en el mismo lugar hasta que tuvo frío y se levantó para ponerse el albornoz. Dio un par de suspiros, y se dirigió al dormitorio.
Edward estaba sentado en un borde de la cama, con el rostro cubierto por las manos. Bella no había visto nunca a un ser más desvalido.
Sin pensarlo dos veces, se acercó a él y lo rodeó con sus brazos tiernamente.
—Ella me mintió —murmuró el con voz ronca.
—Lo sé —asintió dulcemente Bella.
—Sabía antes de casarnos que era estéril, y sin embargo, me hizo pasar todo ese tormento... Mes tras mes. Hizo que me sintiera inútil e impotente.
—Ella debió de correr un gran riesgo permitiéndote hacer el análisis.
—No creas, el tormento habría continuado de cualquier manera. Si el resultado hubiera sido fértil, tendría que haber hecho los mismos esfuerzos para quedarse encinta. Y si el resultado era estéril, habría tenido que seguir rogando a Dios por un día de suerte, como siempre hacía.
Edward se estremeció.
—Al final no me atrevía ni a tocarla —prosiguió —. Me sentía culpable y fracasado. Creo que mi retirada brusca después de hacer el amor la última vez fue lo que la incitó a quitarse la vida.
Y que le había dejado una sensación de fracaso con la que tendría que aprender a vivir, pensó Bella tristemente.
—Lo siento mucho —murmuró ella. Él se encogió de hombros.
—¿Por qué tendrías que sentirlo? —preguntó Edward—. Más bien sería yo el que tendría que pedirte disculpas a ti.
—Puedo comprenderlo —repuso Bella.
—Estás embarazada... —murmuró Edward de pronto.
—Sí —asintió Bella—. ¿Estás contento?
—Pues, un poco sorprendido.
—Tengo algo para ti —dijo Bella tomando la varita del test de embarazo, y dándosela—. Es nuestro hijo. ¿Qué quieres que sea niño o niña?
Entonces, Bella pudo comprobar como le embargaba la felicidad a Edward. Resultaba difícil de creer que un simple objeto le hubiera puesto tan furioso minutos antes, y le hiciera tan feliz en aquellos momentos.
Edward tomó a Bella en brazos y la subió a la cama, abrazándola tiernamente.
—Desde el primer momento que vi tus bellos ojos castaños, mientras estabas tirada en aquella calzada londinense, supe que ibas a ser muy importante para mí — afirmó él—. Pero nunca me pude imaginar que ibas serlo de este modo.
—A ver lo que sientes —le incitó ella a poner su mano sobre el vientre, todavía plano.
Y enseguida se miraron ambos a los ojos alcanzando la plenitud.
—Te voy a querer hasta el final de mis días —le confesó Edward—. Y jamás te dejaré marchar.
—Por si no lo has notado, he sido yo la que ha insistido en quedarse... —bromeó Bella.
—Testaruda —la acusó él cariñosamente.
—No, enamorada.
Entonces, Edward la besó con ternura, jurándole amor eterno.
fin.....

Archivos

Estadísticas

  • 676 días on-line
  • 26 anotaciones
  • 103 comentarios
  • 0 referencias
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2010